domingo, 11 de enero de 2015

CUARENTA Y TRES

Escribir: "Encontrar la voz: tu voz. Olvidar las palabras, la memoria. Olvidar el olvido. Hacer surgir tu propia palabra. un nuevo lenguaje para expresar lo inconcebible. Volver al no saber para intentar expresar lo descubierto a cada instante. Agnosco, ergo scrivo. Un acto de contención de tu memoria. Olvidar aquella víspera. Olvidar todo aquello para poder comprender y explicar lo inexplicable".

CUARENTA Y DOS

Adán y nada: palíndromo sencillo y perfecto. La semilla y la desaparición. El principio esencial, anterior a la cultura y a los remordimientos. ¿Cómo sacudirse el polvo del tiempo? ¿Cómo ubicarse en un lugar anterior a las palabras?

CUARENTA Y UNO

La luz sortea la certeza de mis manos y va a posarse como un pájaro callado sobre tu cuerpo. La luz contiene, delimita y subraya la sombra, que yo muevo con mis manos, unidas por hilos invisibles a esa marioneta que tiembla y trepa por tu espalda. Sobre la luz glacial de este recuerdo flota, junto a la sombra, el ubicuo desorden de tu sonrisa.

CUARENTA

Desde el epicentro de la nada traté de hacer perceptible el silencio; del silencio, conseguir la voz. La voz fugaz se hizo eco, y el eco nuevamente silencio, atraído por el centro gravitatorio de la nada. Todo intento a la ascensión es una lenta caída hacia el abismo