domingo, 11 de enero de 2015

CUARENTA Y UNO

La luz sortea la certeza de mis manos y va a posarse como un pájaro callado sobre tu cuerpo. La luz contiene, delimita y subraya la sombra, que yo muevo con mis manos, unidas por hilos invisibles a esa marioneta que tiembla y trepa por tu espalda. Sobre la luz glacial de este recuerdo flota, junto a la sombra, el ubicuo desorden de tu sonrisa.

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