martes, 2 de abril de 2013

DIECIOCHO


Me gusta particularmente leer por las noches, en ese momento en que te encuentras tan cerca del sueño. Y en ese instante eres cincuenta por ciento novela, todos tus pies son María, las piernas parte Allende, parte Juan Pablo, todo tu estómago cuchillo y asesinato. Y ese sentimiento no se relaja ni en el entreacto del pitillo ni de la visita al servicio: la casa entera se ha poblado de fantasmas. Y entonces llega el sueño, y un capítulo demasiado largo te da las fuerzas necesarias para cerrar el libro y dejarlo estar por el momento; pero seguir siendo María, Juan Pablo, hacienda en la Pampa mientras te disuelves lentamente en la noche y esperas que la lenta higiene de las horas vuelva a arrojar a Mario con sus cosas, sus cuentas sin pagar, sus escrúpulos, sus resentimientos, sus ganas de volver a empezar nuevamente a ser María, Juan Pablo, hacienda en la Pampa y, por qué no reconocerlo a estas alturas, sus ganas de ser cuchillo. Sobre todo eso.

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