... Y volvemos a la escritura como quien se resguarda en un refugio, como si en la escritura todo se ordenase, todo alcanzase su forma, su secreta naturaleza. Intentamos dar sentido al sinsentido aparente.
Y nunca lo conseguimos y es por eso por lo que seguimos escribiendo ingenuamente, para encontrar la mandala que todo lo resuma y lo contenga, para poder ver con los ojos de un dios aquello que nos está vedado conocer.
Pero qué lejos está ese paraíso. Adán al revés es nada. Adán es nada.
ANOTACIÓN SEGUNDA
...Y entonces termino de amarte (porque hacer el amor es mucho más que el acto físico aludido en la palabra). Y yo te amo y tú a mí y somos dos límites que se rozan, que quieren ir más allá y saben que no pueden ir más allá. Amar es el acto de una imposibilidad, la consecución de una unión imposible. Y somos dos espíritus que gimen, se muerden y arañan, que quieren trascender hacia el otro en sus empujes y sólo en el clímax llegan a acercarse. Y por eso esa falsa unión es placentera, porque se disipan los límites de los cuerpos y, de repente, vamos y venimos y vamos y venimos como en un lento agonizar hasta que tú pareces escaparte por fin de tus frágiles contornos, borrosos como en una foto movida (aunque ninguno de los espejos puedan reflejarlo). Y somos todo placer, no bordes, sólo por un momento tan corto que ningún reloj humano podría registrarlo. Y después de eso solo cabe el silencio o el llanto o la risa, antes de ese rasgamiento final de cuerpos y ese volver a uno mismo ya tan lejos del otro.
Y después siempre volvemos a empeza: llega el deseo, la fricción. Pero Adán es nada.
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