martes, 11 de junio de 2013

VEINTICUATRO


Dar un paso atrás, observarla mientras hace cualquier cosa y decir en voz baja "qué suerte tienes, cacho cabrón". El primer síntoma del amor, y el más importante, es la admiración.

VEINTITRÉS


Posees un nombre secreto, construído en el lenguaje del silencio. Yo lo pronuncio. A gritos te llamo. Estás tan lejos que ni yo me oigo.

VEINTIDÓS


Iba Mario descubriendo (en el sentido más íntimo de la palabra descubrir) la historia de Las memorias de Adriano, de Margueritte Yourcenar, ahora en la traducción española, más tarde en el original francés, demorándose escrupulósamente en ciertos párrafos especialmente queridos en la lectura en ambas lenguas y cuando quiera que la hipnótica lectura le permitía alejarse un sólo momento del texto, que ya se le iba haciendo propio, no hallaba sino un alejamiento expreso e infinito de toda forma de convencionalidad. Concretamente, no podría decir que solamente encontrase ese alejamiento (buscado sin duda por la autora e interpretado con absoluta probidad por el traductor) y no otras cosas, sino que ese espíritu aconvencional flotaba por encima de las ideas y de la historia en una dimensión superior a ésta.

Las palabras de Adriano, aún infinitamente utilizadas con anterioridad, surgen absolutamente nuevas, y la lógica de su razonamiento y la claridad en la exposición de sus ideas parecen referirse a un orden preestablecido y oculto que siempre ha estado ahí a la manera platónica pero al que sólo nos acercamos a veces tanteando entre las sombras.

Adriano y Eva cumplen papeles paralelos en este orden supradimensional. Si a Adriano le rige el Logos, a Eva le rige la Intuición, de manera tal que de su aparente desorden siempre emana en ella una idea original. Sin percatarse de ello, a cada paso se encuentra en ese lado mágico que parece sobrevolarnos y que no en contraríamos en ningún sitio de no ser por si ayuda inadvertida. Sin atender a ninguna lógica, Eva desarrolla su vida dando igual importancia al trino de un pájaro en una rama que a la filosofía de Berkeley y en ello radica lo maravilloso de su naturaleza y lo extraordinario de sus actos.

Mario logra ahora explicarse la extraña mirada con que se sorprende observándola a veces actuar más allá de lo racional, entregada a las primeras leyes de un Dios que desconocemos, y sólo quizás pueda contestarle con estos razonamientos cuando le pregunta que por qué la mira como si acabase de aparecer un unicornio, aunque sin duda Eva no lo entendería porque, como todo el mundo sabe, un unicornio no puede alcanzar a comprender su propia esencia.

VEINTIUNO


¿Es una voz
esto que escucho
entre mis sueños
o sólo un eco
de tiempos que han pasado?

VEINTE


¿Qué es lo que conforma una pareja? ¿Cuál es su término definitorio? Quizás no sea más que esto que está sucediendo ahora, simplemente estar sentado en esta cama leyendo a Pessoa mientras Eva ve sólo dios sabe qué película terrible, completamente abandonada en su mundo, que en estos momentos está a millones de kilómetros del mío mientras leo a Pessoa o hago una pausa (una paussoa, risa estúpida por mi parte, eres tan niño a veces) y pienso qué estará tramando Eva en este instante. Puede que ser feliz sea esto que hacemos ahora mismo, ser capaces de ausentarnos por un periodo indefinido de tiempo el uno del otro sin ningún tipo de pudor pues sabemos que volveremos a converger, a coincidir en un lugar sin darnos cita y que en ese lugar y a esa hora indefinida, edén preadamita, ya no existirán los versos de Pessoa ni esas películas tan detestables que tanto le gustan a Eva; solamente nosotros existiremos en ese espacio de tiempo que en realidad es un abismo, corto pero profundo y en el que todo se parece un poco al free jazz, donde dos músicos siguen su camino y a veces el camino es duro, pero ellos lo recorren cada uno por su lado, y es difícil comprender por qué cada uno hace su propia guerra y hazte a un lado que pasa la trompeta dejando un hilo de lamento mientras que al saxo alto le agarra una crisis de hiperactividad mientras que el bajo habla solo diríase que bajo los efectos del alcohol y la percusión marca el paso a un ejército de sombras. Pero de repente, dos instrumentos parecen coincidir divagando sobre lo mismo y se aproximan aún extrañados comenzando frases que el otro termina y muy probablemente están pensando lo mismo pero quién comienza la frase se sorprende porque sabe que él no podría terminarla de manera más apropiada que el otro instrumento, alma gemela que se empieza a confundir consigo mismo mientras el resto de participantes, uno a uno o todos a la vez, comienzan a unirse a la fiesta y llega el momento en el que no se puede oír ya más que una sola voz, que es la voz de la música. Y tal vez en eso radique nuestra felicidad, en ser ritmo de jazz y seguir cada uno nuestro camino pero converger mágicamente sin habernos buscado y todo eso comienza en cuando termina esa absurda película que es el preciso momento en que si saberlo largo el libro a metro y medio de la cama y me incorporo de un salto y comienzo a preguntarte ¿ya te has...? mientras oigo tu voz llegando de puntillas desde la otra habitación cantando ¿...olvidado de mí? y justo en el apartamento de al lado alguien comienza a ensayar sus lecciones de piano y en otro alguien se lanza a la percusión encajando un clavo con un martillo y que viva el mindfulness musical.