¿Qué es lo que conforma una pareja? ¿Cuál es su término definitorio? Quizás no sea más que esto que está sucediendo ahora, simplemente estar sentado en esta cama leyendo a Pessoa mientras Eva ve sólo dios sabe qué película terrible, completamente abandonada en su mundo, que en estos momentos está a millones de kilómetros del mío mientras leo a Pessoa o hago una pausa (una paussoa, risa estúpida por mi parte, eres tan niño a veces) y pienso qué estará tramando Eva en este instante. Puede que ser feliz sea esto que hacemos ahora mismo, ser capaces de ausentarnos por un periodo indefinido de tiempo el uno del otro sin ningún tipo de pudor pues sabemos que volveremos a converger, a coincidir en un lugar sin darnos cita y que en ese lugar y a esa hora indefinida, edén preadamita, ya no existirán los versos de Pessoa ni esas películas tan detestables que tanto le gustan a Eva; solamente nosotros existiremos en ese espacio de tiempo que en realidad es un abismo, corto pero profundo y en el que todo se parece un poco al free jazz, donde dos músicos siguen su camino y a veces el camino es duro, pero ellos lo recorren cada uno por su lado, y es difícil comprender por qué cada uno hace su propia guerra y hazte a un lado que pasa la trompeta dejando un hilo de lamento mientras que al saxo alto le agarra una crisis de hiperactividad mientras que el bajo habla solo diríase que bajo los efectos del alcohol y la percusión marca el paso a un ejército de sombras. Pero de repente, dos instrumentos parecen coincidir divagando sobre lo mismo y se aproximan aún extrañados comenzando frases que el otro termina y muy probablemente están pensando lo mismo pero quién comienza la frase se sorprende porque sabe que él no podría terminarla de manera más apropiada que el otro instrumento, alma gemela que se empieza a confundir consigo mismo mientras el resto de participantes, uno a uno o todos a la vez, comienzan a unirse a la fiesta y llega el momento en el que no se puede oír ya más que una sola voz, que es la voz de la música. Y tal vez en eso radique nuestra felicidad, en ser ritmo de jazz y seguir cada uno nuestro camino pero converger mágicamente sin habernos buscado y todo eso comienza en cuando termina esa absurda película que es el preciso momento en que si saberlo largo el libro a metro y medio de la cama y me incorporo de un salto y comienzo a preguntarte ¿ya te has...? mientras oigo tu voz llegando de puntillas desde la otra habitación cantando ¿...olvidado de mí? y justo en el apartamento de al lado alguien comienza a ensayar sus lecciones de piano y en otro alguien se lanza a la percusión encajando un clavo con un martillo y que viva el mindfulness musical.
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