Cuanto creí saber de ti lo ignoro. Me quedan, entre otras cosas, la música de tu voz, la riqueza en el tono, la claridad en el habla, el timbre justo, la certeza de tu entonación. A veces creo sentir tu voz en el momento de su nacimiento, tras el pálpito discreto de tus pulmones, soplo que comienza a madurar en la glotis y luego vibra debidamente en las cuerdas vocales para terminar de formarse en el borde mismo de tus labios. Me es posible abstraerme de todo, centrarme en tu voz, verla: veo ondas sonoras avanzando en armonía, matemática simple, poesía que requeriría cierta decodificación. De lo dicho, de las palabras exactas, no podría decir nada. Desarraigadas y livianas, se las llevó el tiempo. De ellas nunca más se supo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario