-- No me imagino la vida sin ti
-- Eva -- dijo Mario seriamente--, no me cantes un bolero, que ya sabes que no me gustan. Dice Ricardo Reis que aborrece toda clase de imprecisión porque es una de las formas de la mentira. No digas cosas que no puedas sostener.
Eva, que ya se había incorporado de la cama, se giró hacia Mario mostrando una mueca nada difícil de descifrar.
Mira, Mario --respondió Eva aún más seria -- no hace falta ser psiquiatra, y que quede bien claro que no trato de analizarte, para darse cuenta de que lo que acabas de decir merece una explicación patológica. Yo ya sé que podría vivir sin ti aunque seguramente, de manera que a menudo no logro entender , sería bastante más infeliz. Creo sinceramente que deberías hacértelo mirar o al menos pasarte un poco a limpio los pensamientos porque la verdad es que a veces me incomodan bastante esos miedos que tienes. Sin duda debes de tener un trauma por ahí que yo desconozco y, hola, todos hemos sufrido alguna vez. Pero tú impones esos muros impenetrables hechos de lógica matemática y de pseudointelectualidad de pacotilla que hacen que la comunicación contigo sea un poco frustrante. Si sigues así cada día me costará más decir lo que siento, que será verdad o no pero yo lo siento así de veras. Y si me cuesta decírtelo, cada día te lo diré menos. Y puede ser que un día ya no lo diga más y ese día lo que te diré es que te puedes meter a tu cantante de boleros y a tu Ricardo Reis por salva sea la parte, dicho todo esto con mucho cariño. Y ahora me voy a dar un baño y te agradecería que no me molestaras. Discúlpame por quererte pero es así, ¡qué le voy a hacer! Y, por favor, date una tregua. Y dámela a mí también, que buena falta me hace.
No hay comentarios:
Publicar un comentario