miércoles, 31 de julio de 2013

TREINTA Y CINCO


Antes de conocerte,

¿qué oscuro sol, ajeno a ti,

nos alumbraba?

TREINTA Y CUATRO, LOS DOS PATITOS


Mario estaba dando los últimos pases de cuchilla sobre una de sus mejillas cuando Eva abrió la puerta del servicio: "¿Te falta mucho?". Mario, con voz afectada, después de una breve pausa, dijo "Eva, fíjate en esto" mientras señalaba su cabeza. "Canas, tengo canas". Eva sonreía. "Eres un quejica, te encanta quejarte. Además sabes que las canas hacen a los hombres muy atractivos. Y ni siquiera tienes, tal vez dos. Como mucho tres. Te encanta exagerar, te encanta exagerar". Mario se volvió y como quien leyera una sentencia en un tribunal romano, empuñando la máquina de afeitar, decretó "Eva, estoy para el partido de homenaje". Un buen rato después, es decir, una vez el ataque de risa mutuo que sobrevino a dicha sentencia, Eva tomó de nuevo la palabra y, muy seria, quiso dejar zanjada la conversación reconociendo que albergaba muy serias dudas sobre el hecho de que estuviera para el partido de homenaje, añadiendo que, en realidad, desde la posición en la que se encontraba (y hacía el gesto de agacharse un poco) estaba viendo un trasero de debutante, digno de la Selección Española, y claro favorito a alzarse con la Copa del Mundo. Después se acercó a él, le abrazó por detrás y le besó la nuca mientras reían, hecho que continuó produciéndose durante un tiempo determinado.

-- Eva, te dije que no hicieses ese curso de piropos por correspondencia.

martes, 23 de julio de 2013

TREINTA Y TRES



Ya lo real se hace informe antes de pasar por el fuego ritual de la memoria.

TREINTA Y DOS


Mario comenzó a golpear las nalgas de Eva mientras decía algo de un concierto para traserini num. 1, allegro con brío y que ese sólo era el primer movimiento pero que en el tercero irrumpía la percusión de un modo tal que quita de ahí a ese Wagner o a ese Haendel y que cuando terminase si quería podía aplaudir aunque no era necesario pero que si aplaudía tendría el bis asegurado, incluso podría empezar da capo, cosa de tener todo ordenadito, no vaya a ser que se perdiese entre tanta nota musical. Eva reía, como hacía siempre que Mario comenzaba a hablar del sexo de los ángeles. Sexo de los Ángeles, que a tiempo viene la frase, pensó Eva. Mientras tanto, Mario dale que dale al pentagrama y a la percusión y todos tan contentos.

TREINTA Y UNO


Dios nos regaló la música en el paraíso pero Eva nos hizo esclavos de las palabras.

domingo, 21 de julio de 2013

TREINTA (O TRENTA)


Trazo una línea aeníl anu ozart
lo suficientemente etnemetneicifus ol
gruesa aseurg
que separa arapes euq
lo real de lo irreal laerri ol ed laer ol.
Desde ámbos lados te llamo omall et sodal sobmá edsed
y lo que digo ogid euq ol y
todas esas sase sadot
razones que te doy yod te euq senozar
para convencerte de que vuelvas savleuv euq ed etrecnevnoc arap
(te quiero necesito otisecne orieiquq et
tenerte etrenet
a mi lado odal im a
por nombrar rarbmon rop
únicamente etnemacinú
algunas de las conclusiones senoisulcnoc sal ed sanugla),
como lanzadas sadaznal omoc
contra un espejo impenetrable elbartenepmi ojepse nu artnoc
vuelven a mí ím a nevleuv
sin encontrarte etrartnocne nis.

TIMUCHOS


Con el cincel de mi imaginación voy extrayendo la silueta de tu cuerpo del espacio vacío y ya pronto es perceptible de manera clara el primer esbozo de ti, aún borroso, pero autónomo de la realidad que lo circunda. Apenas esas formas son perceptibles comienzo a recorrer el cuerpo que te he creado de pies a cabeza comenzando a colorear las diferentes tonalidades de tu piel, que probablemente hasta tú misma desconozcas, el imperceptible rubor de tu rostro, la claridad de las palmas de tus manos, el característico fulgor del interior de tus muslos. Añado aquí y allá los infinitos matices de tu cuerpo, las levísimas imperfecciones de tu piel, la abrupta cartografía tus poros, el vello donde es necesario, las insinuadas costillas que forman la parte delantera de tu tronco, tus senos sobre éste último, la firmeza de tu cuello ahí en lo alto, el perfecto descenso de tus cabellos. Dejo para el final aquello que te hace indefinible: la tersura de tu piel, la infinita suma de tus miradas, el olor de tu aliento, el carácter amortiguador de tus labios, la inflexión de tu voz y tu sonrisa, sobre todo tu sonrisa, empática, que hace que de los labios que enmarcan la mía surja la palabra "Eva, Eva, Eva" repetida como un mantra. Sonidos que te conjuran bajo el manto de una noche cualquiera y que suenan y se mantienen suspendidos en el aire, que llegan hasta ti y que traspasan tu recién creada existencia, que se parecen a una lengua arcana, anterior a cualquier lengua, y que suenan a música tal vez, y que posiblemente solo yo conozca, que sin duda solo yo conozco, que solo yo conozco, que yo conozco, que creo que conozco, que pronuncio con la seguridad de quien cree conocer . Y todo esto lo pienso mientras tú te desvaneces de nuevo, y todo lo que te conformaba vuelve a fundirse con el aire vacío, ya no tan vacío a decir verdad, porque de pronto eres tú ya todo, ese jarrón eres tú, ese cuadro eres tú, tú eres también ese espejo que me refleja y que te refleja, imperceptible a la vista tú, pero tú por todos lados y en ninguno en concreto. Extensión infinita de ti, pantevismo.

TIOCHO


R-e-p-t-a-n las palabras, briiiiiiiiiin can, se desodernan: ya no saben cómo llegar hasta ti.

miércoles, 17 de julio de 2013

TISIETE


Hacía ya tiempo que Mario no encontraba postura en la cama cuando el primer hilo de luz le era sustraído a la mañana. Con la ya segura complicidad de la luz decidió despertar a Eva, o al menos intentarlo, primero con unos leves susurros al oído ("eva, eva"; siempre se susurra en minúsculas) pronto acompañados de un leve empujón. “Eva, tengo algo que decirte”. Eva murmuró algo ininteligible en una lengua antigua, anterior al ciclo de los días y las noche. Después abrió un ojo de manera muy tímida y dijo, con voz no muy amistosa “¿Mario?” “Eva, voy a preguntarte algo importante”.”¿qué es?” “No es necesario que me contestes si no quieres pero realmente para mí es algo importante y me gustaría saber..” “Mario, me estás poniendo nerviosa, ¿quieres hacer el favor de terminar ya con esto?” “De acuerdo. Recuerda que no es necesario que contestes. Y espero que no te molestes por la pregunta.”.”Mario, por Dios...” ”Promételo” ”Lo prometo” “Eva, qué animal crees que tiene la expresión más estúpida, ¿la vaca o la tortuga? Es cierto que la vaca tiene mucha literatura detrás con eso de ver pasar el tren y no mirar pero realmente la tortuga parece completamente oligofrénica. Yo creo que la tortuga gana a la vaca, o que van al tie-break al menos”

La cara de Eva había pasado del sueño al interés, del interés a la intranquilidad y ahora dibujaba un gesto difícil de definir, en parte lleno de asombro pero sin duda preludiando un enfado.”¿Me estás diciendo que me has despertado para preguntarme semejante tontería ?” “No, Eva, en realidad te he despertado porque sé que en cinco minutos sonará tu despertador y creí que tal vez fuese más agradable oír mi voz diciendo estupideces antes que el riquirraque irritante de esa máquina de tortura”.”Y, ¿esta es la manera que se te ocurrió de despertarme?” “En realidad, mi primera idea era hacerte cosquillas hasta arrancarte del sueño pero me pareció poco original”.

Mario comenzó a hacerle cosquillas a Eva que intentaba zafarse desesperadamente, incapaz de controlar su risa y sus movimientos, lo que dio finalmente en golpeo de cabeza, lamento y quietud. Eva se agarraba la cabeza con la mano derecha en silencio, la cabeza gacha mientras Mario preocupado le pedía disculpas y le preguntaba si estaba bien a lo que le seguía otro incómodo silencio y sucesivos bises de disculpas. Entonces Mario tomó la cara de Eva, que aún miraba hacia abajo. En ese momento, Eva empujó bruscamente a Mario y lo hizo rodar sin la oposición de éste, de modo que Eva se le encaramó a horcajadas, lo miró y burlonamente le dijo “lo siento, lo siento, lo siento” mientras comenzaba el contraataque de cosquillas sobre el cuerpo de un Mario que no se quiso defender puesto que apenas comenzaron las cosquillas también lo hizo el desprendimiento de ropa, los roces, los jadeos, el ritmo impenetrable del amor aún apenas entre sueños y ese ritmo se iba haciendo cada vez más rápido para  al final se ralentizaba lo suficiente hasta ahogarse en una mutua aceptación del placer. En ese momento Mario vio a Eva, despeinada, con los ojos hinchados, la piel sonrosada por el amor, tan solo armada con su sonrisa y pensó que no podía existir ser tan bello. Eva, por su parte, lo miraba sonriente mientras acercaba los labios al oído de Mario y le decía, lentamente, con unas palabras que pasaban de puntillas por un hilo de voz, “la tortuga”.

TISÉIS


Sin duda era lunes (ay, los lunes) cuando Mario se disponía a entrar en el baño. Por el aire flotaba el saxo de Coltrane chillando una de las partes de Love Supreme. Cuando procedía a la inmersión, notaba como se formaba en torno a sí una cuna de agua que se iba deformando hasta poder abrazar con unos inmensos brazos acuosos el cuerpo de Mario por completo. Y era un placer (era el placer o una parte del Placer) escuchar el saxo alto bien alto mientras echaba su cabeza hacia atrás y la hundía lentamente, en ese bautizo de madurez que iba cerrando un círculo en ese momento mientras escuchaba la música y de pronto el silencio acuoso de las partículas moviéndose en torno a él y en él y, al final, en una suerte de dimensión donde la música ya no existe ni los arribas ni abajos, logró finalmente escuchar, primero como un susurro, más tarde como una armonía átona, simplemente el silencio.

TICINCO


El cuaderno se manifestó ante Mario por su propia voluntad. Mario no lo había visto desde la edad de los  doce años. Una vez finalizado el curso, el cuaderno se quedó confinado en una caja, dentro de una bolsa, bien escondido en el fondo de un armario, en una casa donde no vivía ya hace años. Mirando aquí y allá, entre los desordenados ejercicios de matemática, escritos en una apenas legible letra de colegial, había una hoja que contenía en todas las direcciones, tamaños y modos posibles el nombre de Eva, su primer amor preadolescente. Eva en vertical, en horizontal, Eva en modo especular (AvE), Eva en negrita, Eva en parábola, Eva en escalera, Eva en letras góticas, un grafitti de Eva. Ahora Mario advertía, desde la lejanía de su madurez, que cuando trazó ese laberinto adolescente, esa mandala inútil, no estaba sino dibujando la dirección que seguirían sus pasos. Todos los caminos conducen a Eva y Eva no se hizo en una hora.