Mario comenzó a golpear las nalgas de Eva mientras decía algo de un concierto para traserini num. 1, allegro con brío y que ese sólo era el
primer movimiento pero que en el tercero irrumpía la percusión de un
modo tal que quita de ahí a ese Wagner o a ese Haendel y que cuando
terminase si quería podía aplaudir aunque no era necesario pero que si
aplaudía tendría el bis asegurado, incluso podría empezar da capo, cosa
de tener todo ordenadito, no vaya a ser que se perdiese entre tanta nota
musical. Eva reía, como hacía siempre que Mario comenzaba a hablar del
sexo de los ángeles. Sexo de los Ángeles, que a tiempo viene la frase, pensó Eva. Mientras tanto, Mario dale que dale al pentagrama y a la percusión y todos tan contentos.
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