miércoles, 17 de julio de 2013

TISIETE


Hacía ya tiempo que Mario no encontraba postura en la cama cuando el primer hilo de luz le era sustraído a la mañana. Con la ya segura complicidad de la luz decidió despertar a Eva, o al menos intentarlo, primero con unos leves susurros al oído ("eva, eva"; siempre se susurra en minúsculas) pronto acompañados de un leve empujón. “Eva, tengo algo que decirte”. Eva murmuró algo ininteligible en una lengua antigua, anterior al ciclo de los días y las noche. Después abrió un ojo de manera muy tímida y dijo, con voz no muy amistosa “¿Mario?” “Eva, voy a preguntarte algo importante”.”¿qué es?” “No es necesario que me contestes si no quieres pero realmente para mí es algo importante y me gustaría saber..” “Mario, me estás poniendo nerviosa, ¿quieres hacer el favor de terminar ya con esto?” “De acuerdo. Recuerda que no es necesario que contestes. Y espero que no te molestes por la pregunta.”.”Mario, por Dios...” ”Promételo” ”Lo prometo” “Eva, qué animal crees que tiene la expresión más estúpida, ¿la vaca o la tortuga? Es cierto que la vaca tiene mucha literatura detrás con eso de ver pasar el tren y no mirar pero realmente la tortuga parece completamente oligofrénica. Yo creo que la tortuga gana a la vaca, o que van al tie-break al menos”

La cara de Eva había pasado del sueño al interés, del interés a la intranquilidad y ahora dibujaba un gesto difícil de definir, en parte lleno de asombro pero sin duda preludiando un enfado.”¿Me estás diciendo que me has despertado para preguntarme semejante tontería ?” “No, Eva, en realidad te he despertado porque sé que en cinco minutos sonará tu despertador y creí que tal vez fuese más agradable oír mi voz diciendo estupideces antes que el riquirraque irritante de esa máquina de tortura”.”Y, ¿esta es la manera que se te ocurrió de despertarme?” “En realidad, mi primera idea era hacerte cosquillas hasta arrancarte del sueño pero me pareció poco original”.

Mario comenzó a hacerle cosquillas a Eva que intentaba zafarse desesperadamente, incapaz de controlar su risa y sus movimientos, lo que dio finalmente en golpeo de cabeza, lamento y quietud. Eva se agarraba la cabeza con la mano derecha en silencio, la cabeza gacha mientras Mario preocupado le pedía disculpas y le preguntaba si estaba bien a lo que le seguía otro incómodo silencio y sucesivos bises de disculpas. Entonces Mario tomó la cara de Eva, que aún miraba hacia abajo. En ese momento, Eva empujó bruscamente a Mario y lo hizo rodar sin la oposición de éste, de modo que Eva se le encaramó a horcajadas, lo miró y burlonamente le dijo “lo siento, lo siento, lo siento” mientras comenzaba el contraataque de cosquillas sobre el cuerpo de un Mario que no se quiso defender puesto que apenas comenzaron las cosquillas también lo hizo el desprendimiento de ropa, los roces, los jadeos, el ritmo impenetrable del amor aún apenas entre sueños y ese ritmo se iba haciendo cada vez más rápido para  al final se ralentizaba lo suficiente hasta ahogarse en una mutua aceptación del placer. En ese momento Mario vio a Eva, despeinada, con los ojos hinchados, la piel sonrosada por el amor, tan solo armada con su sonrisa y pensó que no podía existir ser tan bello. Eva, por su parte, lo miraba sonriente mientras acercaba los labios al oído de Mario y le decía, lentamente, con unas palabras que pasaban de puntillas por un hilo de voz, “la tortuga”.

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