Eva y la dulzura de sus manos, la tensa piel del interior de sus muslos.
Eva y la expresión de sus ojos indecisos, la carnosidad de sus labios
rosados. Eva y su cabello desplomándose sobre un cuello monumental,
columna arcaica. Eva y sus supinadores largos, sus deltoides y sóleos.
Eva y su sistema límbico. Eva y sus entrañas. Eva y su doble circulación
sanguínea. Eva, su sistema linfático y sus humores varios. Eva y el
lento exhalar de su aliento, que comienza debajo de sus costillas
y va moviéndose al compás de una música secreta y antigua. Eva y su aparato
digestivo. Eva y su sudor, que se abre paso a través de sus poros. Eva y la estructura especular de sus pies que se separan, de sus rodillas
que se separan. Eva y sus cuerpos cavernosos, sus bulbos vestibulares…
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