Yo
nunca busqué a Eva, pero es como si la buscara. Mis ojos son como los de un
niño al llegar a una estación, buscando y mirando. Toda la soledad del mundo
viene a sentarse a mi lado de repente. Pero mi tristeza es sosiego, porque es
natural y justa. Es natural porque ella me falta y justa porque, ¿cómo no sentirme
así si ella no está? Lo cierto es que pensar es incómodo como andar bajo la
lluvia cuando el viento crece y parece que llueve más. Ya no tengo ambiciones
ni deseos. Buscar a Eva en cualquier estación de cualquier ciudad no es
ambición mía. Es mi manera de estar solo. Tengo la costumbre de andar por los
caminos mirando a la derecha y a la izquierda y de vez en cuando mirando para
atrás. Y lo que veo a cada instante es lo que no nunca había visto antes, y me
doy buena cuenta de ello. Me siento nacido a cada instante a la eterna novedad
del mundo. Pero no pienso en ella, porque pensar es no comprender… Eva no está
hecha para pensar en ella (pensar es estar enfermo de los ojos), sino para
mirarla y estar de acuerdo…Creo que no tengo filosofía sino sentidos…Si hablo
de Eva no es porque sepa quién es, sino porque la amo, y la amo por eso, porque
quien ama no sabe lo que ama, ni sabe por qué ama, ni qué es amar… Amar es la
eterna inocencia y la única inocencia es no pensar.
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