martes, 15 de enero de 2013

TRES



Yo nunca busqué a Eva, pero es como si la buscara. Mis ojos son como los de un niño al llegar a una estación, buscando y mirando. Toda la soledad del mundo viene a sentarse a mi lado de repente. Pero mi tristeza es sosiego, porque es natural y justa. Es natural porque ella me falta y justa porque, ¿cómo no sentirme así si ella no está? Lo cierto es que pensar es incómodo como andar bajo la lluvia cuando el viento crece y parece que llueve más. Ya no tengo ambiciones ni deseos. Buscar a Eva en cualquier estación de cualquier ciudad no es ambición mía. Es mi manera de estar solo. Tengo la costumbre de andar por los caminos mirando a la derecha y a la izquierda y de vez en cuando mirando para atrás. Y lo que veo a cada instante es lo que no nunca había visto antes, y me doy buena cuenta de ello. Me siento nacido a cada instante a la eterna novedad del mundo. Pero no pienso en ella, porque pensar es no comprender… Eva no está hecha para pensar en ella (pensar es estar enfermo de los ojos), sino para mirarla y estar de acuerdo…Creo que no tengo filosofía sino sentidos…Si hablo de Eva no es porque sepa quién es, sino porque la amo, y la amo por eso, porque quien ama no sabe lo que ama, ni sabe por qué ama, ni qué es amar… Amar es la eterna inocencia y la única inocencia es no pensar.

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